NOTAS CANINAS
Crónica de una pérdida con un final feliz.
El pasado sábado 17 de octubre, como de costumbre, saqué a mi perro Spock, un Bulldog Francés de 6 meses, a la Universidad Nacional, junto con un Bernés de la Montaña. Ese dÃa salió a tomar el sol y cuando fui a recogerlo ya no estaba. HabÃan pasado máximo dos minutos, les pregunté por él a quienes estaban cerca pero no me dieron razón alguna.
Salà a buscarlo inmediatamente por los lados del estadio. Luego, con la ayuda de mis amigos, empezamos a recorrer el campus universitario. HabÃan transcurrido cinco minutos desde cuando lo vi por última vez. Durante dos horas lo buscamos sin descanso, al principio con la idea de que se habÃa ido con otros perros, que muy seguramente lo Ãbamos a encontrar feliz, saltando y jugando.
Lo primero que hice después fue crear un anuncio con dos fotos de Spock y un texto describiendo las caracterÃsticas más visibles de mi perro. Imprimà 50 copias y me fui a pegarlas por la universidad y por los barrios aledaños. Ya habÃan pasado seis horas de la desaparición.
Al dÃa siguiente seguÃa sin noticias sobre Spock; imprimà otros 50 anuncios y los repartà por las tiendas de animales ubicadas en la Avenida Caracas entre las calles 53 y 57 y en cada almacén pedà que me ayudaran. El lunes 19 de octubre hice lo mismo por las tiendas de animales del barrio Restrepo, pues según tenÃa entendido esos dos lugares eran los más populares en venta de mascotas.
Ese mismo dÃa por la tarde recibà una llamada de un número desconocido, la persona que me habló se hacÃa llamar Pablo Clavijo, me dijo que trabajaba para un ingeniero que dictaba clases en la Universidad Nacional y que este se habÃa encontrado a mi perro el sábado y que se lo habÃa llevado para su casa. Le pedà que me dijera dónde se encontraba para ir a recogerlo pero me contestó que no estaba en Bogotá, que le habÃa tocado viajar a Ibagué y se habÃa llevado al perro. También me pidió que le enviara una foto al correo pablocla1987@hotmail.com para comprobar que era mi mascota y que si lo confirmaba lo podÃa mandar con alguien hasta Bogotá; que debÃa girarle un dinero para los pasajes de quien lo iba a traer y que le diera la dirección donde lo recibirÃa.
Todo esto me pareció muy sospechoso, asà que le pedà que me enviara una foto del perro a mi celular para comprobar si estaba diciendo la verdad. Al pedirle esto el nombrado Pablo me dijo que no tenÃa celular con cámara. Le dije que lo llamarÃa más tarde para que me diera los datos del giro. Después me metà a internet a buscar datos sobre el tal Pablo Clavijo y al escribir la dirección de correo en el buscador me apareció una noticia, en la cual se denunciaba el mismo caso de la llamada.
El martes pasó lo increÃble. Después de cuatro dÃas y tres noches de angustia recibà una llamada de la esposa de mi padre a las 2:30 de la tarde Me manifestó que la habÃan llamado de una de las tiendas de mascotas de la Avenida Caracas, informando que tres hombres estaban intentando vender a Spock en distintos almacenes de la zona.

Al llegar a la Caracas se nos acercó un señor con uno de los carteles que yo habÃa dejado el domingo anterior, me dijo que habÃa visto a los tres hombres vendiendo a Spock pero que ya se habÃan ido, que habÃamos llegado tarde. Nadie más nos dio información y decidimos regresar a la casa.
A las 5:00 p.m. del mismo dÃa recibà una llamada, otra vez alguien diciendo que tenÃa información sobre mi mascota. Esta persona me dijo que a Spock lo habÃan comprado en uno de los almacenes de la Avenida Caracas, me dio el nombre de quien lo habÃa hecho y me dijo dónde podÃa averiguar por él. Al llegar al almacén donde supuestamente lo tenÃan preguntamos por quien me habÃan dicho y la primera reacción de los que atendÃan fue negarlo todo y manifestar que nadie lo habÃa visto. La dueña del almacén nos dijo que la persona que estábamos buscando no trabajaba en ese establecimiento, que compraba perros en la calle y se los llevaba para sacarles crÃas.
Al escuchar la historia del robo y al vernos decididos a llamar a la PolicÃa nos dieron el número del celular de quien supuestamente habÃa comprado a Spock. Lo llamé y le pregunté si él habÃa comprado un Bulldog Francés ese mismo dÃa. Al principio se hizo el que no sabÃa de lo que le hablaba, pero después de que le dije que el perro que habÃa comprado era robado, que tenÃa una familia y que estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de recuperarlo, admitió que se lo habÃa comprado a tres hombres horas antes. Finalmente llegamos a un acuerdo: él me devolvÃa el perro y yo le pagaba lo que le costó. Ese martes 20 de octubre, a las 9 de la noche, llegué a la plaza del Restrepo y ahà mismo, en una calle apenas iluminada por la luz de unos pocos almacenes de ropa que todavÃa estaban abiertos, recuperé a mi Spock, afortunadamente sano y con su orejita blanca agachada.